La escaIa de lo grande y lo pequeño

Al hablar de consumo consciente tendemos a menudo a olvidar que lejos de hablar únicamente de bolsas de algodón, pajitas de bambú y botellas reutilizables de agua, el ocio es una parte esencial de nuestra cultura de consumo. Las vacaciones de verano nos permiten parar, recuperarnos del ritmo de nuestro día a día y  para enfrentar un nuevo comienzo llenas y llenos de energía y motivación. 

Septiembre es para muchas y muchos el auténtico comienzo del año. Una nueva temporada que nos permitirá nuevos enfoques sin necesidad de obligarnos a grandes gestos que con el paso de las semanas únicamente serán frustraciones. La cultura del siglo XXI, ha ido poco a poco alejándonos de la belleza de lo pequeño. En este siglo se habla en letras mayúsculas. La casa más grande, el bolso más caro, el coche más potente, viajar cada vez más lejos. Pero ¿estamos hechos para escalas que nos superan? y ¿es necesario vivir desde ahí?

Si lo pensamos detenidamente esta idea de lo grande, de lo magnífico básicamente nos ha conducido a un desgaste masivo de nuestra salud. Más horas de trabajo, más metas inalcanzables. Apreciar lo pequeño casi nos hace parecer personas al margen del sistema. Valorar lo pequeño es el nuevo punk. La idea de lo grande y lo pequeño, por un lado tan básica explica sin embargo muy bien nuestras visiones personales sobre nuestro propio desarrollo. ¿Con qué te quedas tú?

Este verano os queremos hablar desde ahí, utilizando la excusa de las vacaciones para explicar por qué es la escala mínima la que puede ayudarnos a revertir el cambio climático y cómo el ocio afecta a nuestro impacto medio ambiental.