Politizar el consumo consciente

El artículo 45 de la Constitución recoge el derecho a un medio ambiente adecuado   y nos prescribe el deber de conservarlo. Gobiernos, iniciativas públicas y privadas y gran parte de la sociedad de consumo son cada vez más conscientes del impacto que el modelo económico actual ha tenido sobre nuestra salud medioambiental. Este modelo económico se llama lineal aunque no debería, ya que se basa en el crecimiento exponencial. No tiene en cuenta la explotación de bienes naturales y finitos que serán bienes de consumo y más tarde residuos. La economía lineal necesita el modelo de usar y tirar para su subsistencia. Las consecuencias de este modelo implementado en la Revolución Industrial son evidentes en estos momentos y ha quedado probado como un sistema fallido. El uso infinito de materiales finitos no tiene, desde el punto de vista de la lógica, ningún sentido, sobre todo cuando el crecimiento de la población va también en aumento. Existe una gran preocupación por lo que este modelo puede significar para nuestra economía y no es de extrañar. Las propuestas en las que se trabajan actualmente van en la línea de modelos de economía circular, que buscan optimizar nuestros recursos, eliminando así índices de contaminación y afectando de forma más positiva acuíferos, suelos y biodiversidad. Estas nuevas normativas no han sido bien vistas por industrias contaminantes como la plástica, que cree que los plazos de ejecución no son accesibles para las empresas que las conforman. Indican que el 90% de ellas (fábricas de productos de envasado, plantas de reciclado, transporte de materiales …) son PYMES que se ven seriamente afectadas. Está claro que cada uno defiende lo suyo pero ¿qué es lo nuestro? 

Las voces negacionistas y los estamentos más conservadores de la sociedad no desean este cambio. Los feroces ataques hacia Greta Thumberg pusieron de manifiesto que el concepto de “lo nuestro” no es igual para todo el mundo. Los partidos políticos en su afán de ser representantes de sus comunidades de votos basan sus campañas en lo que sus votantes quieren escuchar sin tener en cuenta la repercusión a largo plazo de sus propuestas. Las campañas tienden a ser cortoplacistas: quieren tu voto y lo quieren ¡ya! Las políticas conservadoras tienen una visión del aquí y el ahora en las que ideas como el bien común no solo no tienen cabida, son retratadas desde la sátira más esperpéntica en el mejor de los casos y desde la desinformación y la incultura en los más tristes. El miedo como herramienta de manipulación política ha visto en la idea de recesión y desempleo el argumento ideal contra la economía circular, ¿es esto cierto? ¿Puede la economía circular generar un colapso económico? 

La economía y el medioambiente no pueden entenderse por separado, son interdependientes ya que la sociedad de consumo necesita un flujo constante de materiales que puedan ser transformados en bienes. El hecho de que el modelo económico actual esté comprometiendo la calidad del aire, del suelo y del agua, hace necesario un cambio de modelo que revierta estos aspectos. El crecimiento de la población mundial, que va en aumento, es otro importante factor a tener en cuenta ya que crece a una velocidad tal que en 2050 necesitaríamos tres planetas como el nuestro para poder mantener el sistema. Que nuestra economía dependa de materias primas finitas nos hace realmente vulnerables.  Pongamos el ejemplo de España: la economía basada en la extracción de bienes naturales (petróleo, carbón, acero.. ) nunca nos ha favorecido por la falta de recursos en ese sentido de la que disponemos. De ese modo nuestra economía se ha visto debilitada. Si hablamos de energías limpias como el sol o el viento, de los que en España disponemos abundantemente, suena más lógico que tengamos una oportunidad de crecimiento económico ahí, ¿no os parece?

La implementación del modelo de economía circular requiere un esfuerzo conjunto por parte de los ciudadanos, los sectores públicos y privados y el propio Estado que es al final el que invierte el dinero de nuestras contribuciones. El valor de las inversiones estatales puede ser medido desde puntos de vista muy diferentes. Se puede priorizar un modelo de inversión que se base en soluciones inmediatas que perpetúen el modelo que ya conocemos o se pueden priorizar nuevos modelos que cambien nuestro sistema de consumo priorizando la salud medioambiental. Para entender esto de manera sencilla, debemos entender que los estados en sí son un ente propio de consumo de grandes dimensiones, con nuestro dinero se compran productos y servicios como transportes, edificios, energía, gadgets digitales, comida, mobiliario, material sanitario … La pregunta en este caso sería ¿en qué queremos que se invierta nuestro dinero? La obligación de cualquier gobierno es conseguir el mejor valor para los contribuyentes pero el mejor valor no significa necesariamente ir a la alternativa más barata perpetuando el modelo del usar y tirar. El cuidado medioambiental es un valor en sí mismo y por ese motivo debe primar en las diferentes adjudicaciones. Un diálogo abierto bajo criterios de no discriminación, igualdad, transparencia y proporcionalidad no está reñido con el crecimiento económico de un país. Las políticas basadas en criterios de economía circular no fijan únicamente el punto de partida en el beneficio, lo hace también en el ahorro. Premiar la eficiencia energética en escuelas públicas, instaurar el uso de productos de limpieza eco, consumir papel 100% reciclado, utilizar transportes eléctricos, fijar criterios de eficiencia residuos en las impresiones de la comunicación de nuestras ciudades.. Son gestos que apoyan el crecimiento de las empresas verdes y que obligan a las ya establecidas a revisar sus ámbitos de acción para adaptarse a los nuevos criterios necesarios para la salud global. 

Demonizar estas políticas o a sus representantes civiles esconde un profundo deseo de dejar las cosas como están. Aceptar que nuestra ética necesita una revisión conjunta es un acto de generosidad para la que no está preparada toda la sociedad y de la que por supuesto reniegan los sectores establecidos más contaminantes. ¿Por qué cambiar si los demás no lo hacen? A esta entre muchas otras preguntas deberemos dar respuesta también.