¿Somos Hume o somos Rousseau?

Vivimos rodeados en mayor o en menor medida de consumo. Consumir es un acto que tenemos tan naturalizado que a menudo se trata más de una respuesta automatizada que de una decisión consciente y sin embargo pocas veces nos paramos a pensar en el inicio de todo. Conocer el origen del sistema en el que vivimos es imprescindible para imaginar y proponer alternativas más saludables para nuestras sociedades y comunidades, teniendo siempre presente que la crisis ambiental en la que nos encontramos inmersos es el resultado del sistema de consumo actual. No siempre hemos vivido de la misma manera, de hecho hasta el siglo XVIII el grueso de la población mundial vivía con lo que necesitaba, en el mejor de los casos. En 1723 Bernard Mandeville, un físico afincado en Londres, publicó un tratado de economía escrito en verso : ” La Fábula de las Abejas” . En el momento de su publicación sectores de la sociedad habían comenzado a enriquecerse y a entender que podían consumir pequeños lujos como peines de marfil, muebles Chippendale … La Iglesia preocupada por este nuevo materialismo comenzó a intensificar sus sermones en contra de este nuevo materialismo, Dios no se apiadaría de aquellos más preocupados por la decoración de sus hogares que del estado de sus almas. La Fábula de las Abejas proponía, lejos de ideas eclesiásticas o moralistas, una nueva manera de pensar; Lo que haría a los países ricos sería comprar por placer en lugar de por necesidad. La alta demanda de objetos innecesarios mejoraría la economía generando negocios, empleo y pudiendo así construir hospitales. Las sociedades podrían ser elevadas y pobres o esclavas del lujo y adineradas. Esta teoría fue bien recibida por los economistas del momento y pensadores políticos. David Hume publicó en 1752 “Ensayo del Lujo”, secundando las ideas de Mandeville y asumiendo que las sociedades que no tuviesen acceso a objetos innecesarios caerían en la desesperación y la desidia. Otras voces como la de Jean- Jaques Rousseau, inquieto por el impacto que estas ideas estaban teniendo en su Ginebra natal, reclamaba una vuelta a la simplicidad y a un estilo de vida más natural. Parece que Rousseau prefería la virtud a la riqueza. No es difícil entender por qué fueron las ideas de Mandeville y Hume las que acabaron imponiéndose. Este debate se ha seguido prolongando a lo largo de las décadas por capitalistas y comunistas, aunque la realidad es que a día de hoy, el grueso de nuestras sociedades han aceptado el hecho de vivir en este sistema de consumo aunque sus consecuencias sean nocivas para nosotros, haciendo de este debate no pertinente. ¿Nos hemos llegado a preguntar en algún momento si se podría cambiar la deriva de este sistema? ¿Puede una sociedad ser elevada y tener a la vez una economía saneada? El consumo centrado en el exceso de lo innecesario sigue siendo la base de nuestra economía actual, pero en estos momentos ese exceso ha llevado al agotamiento de nuestros bienes naturales y por lo tanto, el exceso de explotación ya no es factible. Generar sociedades que consigan rentabilizar acciones positivas para si mismas parece el nuevo reto a alcanzar. Una concepción de la economía basada en necesidades más elevadas parece ser la clave. ¿Significa esto renunciar a nuestras comodidades? ¿Somos Hume o somos Rousseau?